

Enclavado en los Pirineos está el Principado de Andorra, un país muy
pequeño (apenas 463 km2- el doble de la ciudad de Buenos Aires) con
menos de 90.000 habitantes, en el que se hablan 3 lenguas (el catalán
que es la oficial, el español y el francés) todas juntas con palabras de
unas y otras y todos se entienden. Que no tiene industrias (salvo el
tabaco que cultivan y procesan), que no emite sus propios euros y que
recibe más de 10 millones de turistas por año que vienen a esquiar o a
comprar.
También
el régimen político es muy original, el gobierno es compartido por el
presidente de Francia (Holland) y el obispo de Urgel en Cataluña (Vives)
pero como ambos no viven en el territorio tienen un jefe de gobierno
local.
Al margen de estos datos de clase de geografía, es un país bellísimo,
con montañas y valles salpicados iglesias románicas y pequeños poblados
de casas antiguas y otras muy modernas pero que conservan todas el
mismo estilo de fachadas de piedra y techos de pizarra.
A
pesar de estar a pocos días de empezar el verano, sigue haciendo frío y
nevando casi todos los días. Por ello nuestros planes de recorridos
primaverales se vieron un poco alterados: más cultura y menos deporte.
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