| Ibamos entre las nubes |
La última etapa del viaje era la más larga, sin embargo salimos
temprano, atravesamos el Macizo Central de Francia (con unos paisajes
hermosos parecidos a El Bolsón), el Langue D´Oc y los Bajos Pirineos y
llegamos a las tres de la tarde a Barcelona.
| Viaducto Eiffel |
Se pagan muchos peajes y no son baratos pero las rutas son excelentes, muy bien demarcadas, con señalización y en constante mantenimiento. También controlan mucho las velocidades
| Todo el camino lleno de flores |
Primer operativo devolver a Leo (nuestro auto) y a Jordi (el GPS) que tan bien se portaron durante el viaje; éramos la familia perfecta, todos prolijitos y aplicados: JC conducía, Leo nos llevaba, Jordi decía cómo y yo organizaba el equipo (leía los carteles de la ruta, las indicaciones del GPS y lo que queríamos hacer nosotros). Todo perfecto!! cruzamos la calle y llegamos al hotel. Teníamos nuestra reserva, habitación superior así que el cuarto y la vista eran mucho mejores que el de nuestra primera estancia.
| En la pile, al fondo Montjuic |
La
temperatura 29 grados. Opciones: seguir con los recorridos de turistas o
irnos a la terraza del hotel con piscina? como nos había gustado lo de
París de no ser turistas apurados, nos disculpamos con Gaudí por no ir a
ver otras de sus obras (que nos habían quedado pendientes) y nos fuimos
a la pile.
Desde
la terraza se ve Montjuic, el estadio de los juegos olímpicos, los
barrios de Barcelona (es un excelente repaso de lo que conocimos). La
tarea, no hacer nada, simplemente descansar y disfrutar de nuestro
penúltimo día de vacaciones.
| Merecido descanso después del viaje |
Ya fresquitos, descansados y bañaditos nos fuimos para la Barceloneta para recorrer la zona y después cenar. Los primeros barcitos que vimos nos parecieron horribles, parecido a lo que eran los bares de la rambla de Mar del Plata con los platitos en la puerta y los mozos llamando a la gente.
No habíamos venido hasta acá para eso, así que seguirmos caminando
hasta la playa, el atardecer era espectacular, a esta hora en que no hay
sombras se la llama la hora mágica y realmente lo es. Sacamos fotos y
seguimos caminando por la playa.
Empezamos a ver otros restaurantes sobre la misma arena. Nos acercamos a uno pero no teníamos reserva. Igual el mozo (que aunque se hacía el español se le notaba que era argentino) nos dijo que esperáramos que nos iba a ubicar y ... nos ubicó en primera línea frente al mar. Todavía había luz y el mar de color turquesa había pasado a un azul intenso.
Como era nuestra última cena de vacaciones pedimos platos ricos y vino. Todo exquisito!!! Después caminamos por la playa y nos volvimos a casa. La noche espectacular, y lleno de gente por todas partes.
Mañana es el último día de Barcelona, vamos a disfrutarlo y después a volver a nuestra casa, a nuestro trabajo.

